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¿CAÍMOS EN LA TRAMPA DE CREERNOS POCA COSA…?

Lunes 16 de noviembre de 2009, por María Luisa Núñez Córdoba

Eran las 4:30 de la tarde, ellas me pedían que no hiciera una declaración oficial en su contra, que no pusiera un denuncio; una, como de 7 u 8 meses de embarazo, unos 19 años; la otra, no más de 21. Sollozaban… me miraban a los ojos con precarios argumentos sobre su vida miserable… “¡por favor piense en nosotras, no nos denuncie…!”.

Hacía unos instantes había pedido un postre, lo puse en la barra, y, como siempre, descargué mi bolso al lado; me desplacé tres metros por una bebida; frente a la caja donde haría el pedido, eché un vistazo a mi bolso… ¡ya no estaba. No había transcurrido un minuto…! Inmediatamente pregunté a la chica de los postres si había visto quién lo tomó; ella, parca y casi indiferente, me contestó que no. Entonces noté que empezaba a transpirar, me quité la chaqueta, le pregunté por las personas de seguridad del prestigioso centro comercial; que no sabía -me dijo. Sin embargo, ante mi instantánea insistencia, me dijo con tal tranquilidad –ah sí, mire allá hay una. Ella, la guarda de seguridad, a dos metros de distancia, me preguntaba impávida que cómo me lo habían robado, que dónde lo había dejado… Respondía de manera precisa y perpetrándola con mi mirada como si estuviera a punto de tomar su radio entre mis manos y dejarme poseer por el impulso. Empezó una red de comunicación con el cuerpo de seguridad del centro comercial. Estábamos en el tercer nivel… me pidió la descripción del bolso, y en instantes, mientras hablaba por la radio, a través de sus ojos, su sonrisa y su gesto con las cejas, me dijo está bien, está bien, ya lo encontramos. Habían transcurrido de dos a tres minutos desde la pérdida del bolso… Lo habían encontrado.

Ya en la sala de seguridad las niñas que habían robado -una de ellas capturada tomando un taxi frente al centro comercial, la otra saliendo de ahí con mi bolso en una bolsa rosa- me pedían que pasara por alto el suceso, que no las denunciara. Que pensara en ellas…

Me pedían que pensara en ellas… que no tienen dinero, que sus necesidades, sus circunstancias… Qué ejercicio de auto persuasión más insulso, vacío… deplorable. Los mismos que se tejen a otros niveles del poder público, político, de la maquinaria capitalista que sostiene esta lógica, de la industria armamentista, de las corporaciones, del consumo, de la guerra… El bienestar de cada uno en detrimento del bienestar ajeno. Entonces, ¿cuándo evolucionaremos hacia una lógica sana del bienestar humano, una lógica en la cual cada un@ se haga responsable de sí independiente de las circunstancias, las vidas ajenas y, de los juicios que cada uno pueda hacer frente a ello?

Sus circunstancias y necesidades eran proporcionales a las mías cuando hace unos años llegué a Bogotá comprometida con mi vida, responsabilizada de mi presente, de mis circunstancias… fabricándolas como yo las quería, al margen de cualquier sugerencia familiar, social, o de cualquier tentación a la confortable seguridad que brinda quedarse en el nido, mantenerse en ‘tierra firme’… Sola, sin conocer a nadie, entregada a lo que era, fuerte, digna, encontrándome…

La conciencia del bienestar propio, que permite entender y propender hacia el bienestar ajeno. La conciencia del ahora, que es lo único que hay; de poder mirarse a sí mism@ más allá de circunstancias, que son un embuste, un invento del sistema; de los que no saben, de los que quieren cegarnos; una excusa para no ver… Para no estar.

Ellas, me pedían que “por amor a Dios” las perdonara… No tenía que perdonarles, son víctimas del sistema, de las mentiras, los absurdos sociales que se vuelven credos, un peligro para la humanidad…

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