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De la memoria individual a una memoria colectiva

Jueves 17 de septiembre de 2009, por Fabián Andres Bernal Angulo

La memoria histórica de un pueblo es el compendio de todas las memorias individuales, las cuales relatan la verdad de un pasado que se niega a ser olvidado. Todos lo casos de reconstrucción de las memorias de los pueblos han tenido que ver con crímenes y abusos que se han querido enterrar, pero han sido infructuosos dichos esfuerzos, ya que los recuerdos del pasado siempre intentan volver a la luz del presente y más aun cuando los intentan acallar.

la memoria siempre intenta salir a flote, como los recuerdos intentan no ser olvidados, lo que demuestra que es indudable que las personas que han sido victimas de vivencias en las cuales estén involucradas las masacres, las desapariciones, lo asesinatos, y después de esto sobrevivan; quedan con una carga psicosocial que los hace sentirse culpables de vivir y haber visto morir a tantos de sus iguales. Esto se nota en sus fallidos intentos por olvidar, ¿Cómo se puede olvidar algo que cada día intenta salir a la luz? Es decir, cómo se puede olvidar un proceso tal, si cada ves que alguna victima se mira al espejo recuerda con dolor como pudo llegar vivo hasta el momento actual, ¿cómo sobrevivió él y no los suyos? Eso es algo que todos los días socava su mente y lo convierte en esclavo de sus recuerdos, recuerdos que se niegan a enterrarse en el olvido al que quieren ser sometidos.

Los vehículos de la memoria que no permiten el olvido del pasado son diversos, los lugares, los objetos, los testimonios, el arte; los cuales evocan los recuerdos y no permiten sepultar estas historias en la indiferencia. Pareciera que cada individuo tuviese una maquina del tiempo incrustada en su alma y que todos los esfuerzos de los científicos por ver si es posible viajar por el tiempo y cambiar el pasado, se redujeran ya no a la comprobación de hipótesis, sino mas bien se redujeran a entender como se inmortalizan los recuerdos de historias que no se quieren recordar. Recordar es viajar en el tiempo, a través de los recuerdos viajamos al pasado y podemos observar de nuevo lo que ya ha sucedido, pero es una lastima que el pasado no pueda cambiarse, ya que los recuerdos no pueden modificar lo que ya sucedió; pero hacer este pasado visible, permite modificar el futuro, no dejar en la oscuridad y en la penumbra la verdad de un hecho, eso nos permite soñar, soñar que no va a volver a ocurrir y a través de los sueños se viaja al futuro, el futuro en el cual seria adecuado vivir.

Las victimas que sobreviven a actos atroces son las únicas capaces de revivir el pasado y construir ya no la memoria como individuo sino construir una memoria colectiva, es decir una memoria histórica. Cuando los victimarios se rehúsen a esto, con ello se logra revivir el pasado, no dejar en el olvido el sufrimiento ni la historia, de la misma manera que se busca una significación social en el sentido de ver el peso de la ley en su victimario. Esta es la importancia de la memoria histórica, dignificar a las victimas no en el sentido económico, sino en el sentido social; no privarles de su condición de victimas, condición de la cual han sido privadas por sus victimarios, los cuales buscan el olvido del pasado, buscan ocultar la verdad, no les es suficiente el daño ocasionado a la dignidad de los individuos. Además de las matanzas, las desapariciones los desplazamientos forzados, estos continúan dañando a la población, negándoles la oportunidad de ser reconocidas como victimas y obtener verdad, justicia y reparación integral por ello.

En la situación colombiana los victimarios intentan ocultar la sevicia de sus crímenes y no son mas que unos poco lo que contribuyen a construir la verdad, de la misma manera muchas de la victimas en Colombia intentan olvidar lo que les sucedió, esto por diversas razones entre las cuales están el miedo a contar la verdad por represalias de los victimarios. La impotencia de la ley para proporcionarles justicia o simplemente por el dolor que les produce viajar nuevamente a ese pasado ya aparentemente superado, y sacar de las fosas sin nombre, los cuerpos mutilados de sus familiares y vecinos para mostrarle al mundo lo que verdaderamente ocurrió, en un grito desesperado por hacer entender que sus vivencias fueron ciertas y que eran seres humanos antes que cifras, los que perdieron la vida. Eran padres, hijos, hermanos, tíos, sobrinos, primos, madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, primas, amigos y amigas no simplemente 1 o 2 o 3 o 1000 números. Son muchas familias las que se destruyeron, muchas vidas las que se extinguieron. Son muchos silencios, son muchos miedos, son muchos nudos en las almas de los que sobreviven, son miles de historias que merecen no ser olvidadas, son millones de testimonios los que merecen ser escuchados, y son incontables los que merecen se enjuiciados y castigados. Por eso la población entera debemos trabajar juntos, aportando con un grano de conciencia un ladrillo en construcción del país que queremos y que soñamos.

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